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Tu mirada constante le estaba provocando al Mar Mediterráneo ideación paranoide manía persecutoria.

Me decía:

Oye que yo no tengo ojos pero tengo instinto. 


Me decía el mar que estaba obsesionado pero que no sabía con qué,

que no lo entendía, que había leído libros para entender pero que
seguía sin entender y que se estaba quedando flaco, que no comía,

y que se sentía vacío que pesaba menos y que estaba preocupado
porque las orcas estaban pasando sed. 

 

Me decía el mar que se le estaba rebelando el agua y que él no sabía,

que no sabía el mar hacia dónde se estaban yendo sus gotas y sus
corrientes, y yo me callo, yo no digo nada pero yo sé que se están

yendo por debajo de la tierra y que están cavando tuberías
y haciendo charcos cerca de tu casa para que los pises sin querer

y así colarse entre las uñas de tus pies. 

 

Yo lo sé porque lo he visto pero yo me callo. 


Tú me llamas y me dices que ahora tu saliva es salada y yo, observadora también, he notado que hay peces a los que se les han estirado las aletas y que han rellenado formularios para apuntarse a cursos de fontanería y que ahora hacen una instalación en tu casa para que por tus tuberías corra agua salada, para cambiarte el agua corriente por agua marina, para darte de beber. 

 

Me dice el mar que se le estaba rebelando el agua y que se condensaba y que se hacía nube, y yo sé que ese mes llovió mucho porque estaba el agua intentando acercarse a ti y mojarte la ropa tendida y mojar la comida que te comes.
 

Tú ahí estabas, posando la mirada sin esperar la metamorfosis, sin fe en la conversación y el mar con tus dos ojos clavados preguntándose por qué siente esto.

Tú hablando desde un rincón y el mar inconsciente de ti, pero tenaz y obstinado contestándote desde todos tus rincones y ahora tú te suenas los mocos y te salen algas de la nariz. 

 

Ahora se te han humedecido las yemas de los dedos y te gotean encima de las teclas de tu ordenador, se te resbalan los dedos sobre la fibra de vidrio y se te humedece la pantalla por dentro y sale vaho y se empaña y tú te empeñas en escribirlo.


Y traes a este mundo un objeto de páginas arrugadas y húmedas, acuoso y sediento a la vez, de ojos con cataratas por las que caen cientos de litros de agua pero que ha sacado 

tus mismas manos y tus mismos pies.

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Desde un Rincón del Mediterráneo. Pablo Amores, 2025

Ediciones Malaedad

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